Cuando las esporas, -células reproductoras del hongo- caen en el substrato adecuado y las condiciones son favorables, germinan. Inicialmente de ellas crece un sólo filamento – una sola hifa– que se divide y extiende para terminar formando, tras fusionarse con otras hifas, un hongo maduro. De él nacerán setas y estas a su vez generarán millones de esporas, aunque muy pocas de ellas podrán culminar un nuevo ciclo de reproducción.

Sociedad Micológica Segoviana, partes de las setas

En la seta, el sombrero es la parte más superior y más ancha. Está revestido por la cutícula. Su tamaño, forma, color, margen, etc. presentan gran diversidad. Por lo general, en su parte inferior se encuentra en himenio con los elementos fértiles, productores y portadores de esporas. Casi siempre está formado por láminas, pero pueden ser tubos, pliegues, aguijones o una superficie lisa.

El pie sostiene el sombrero. Sus características son también imprescindibles para clasificar las especies y es importante analizar las tres estructuras que puede presentar: anillo, cortina y volva. El anillo se forma con los restos del velo parcial que permanecen rodeando el pie cuando esta membraba se desprende del sombrero. La cortina es otro sistema de protección del himenio; está formado por un velo de finísimos hilos que se rompe al crecer la seta y sus filamentos quedan adheridos al pie. La volva procede del velo general que, cuando se desgarra, deja su parte subterránea enfundando la parte de la seta. Es característica del género Amanita.

Sociedad Micológica Segoviana, secuencia seta

La hifa inicial, al crecer forma el micelio primario. Cuando micelios primarios de distinto “signo” se encuentran, se fusionan y desarrollan un micelio más complejo, el micelio secundario. Ya es un hongo, capaz de originar cuerpos fructíferos.

Cuando se abre el primordio, asoman el sombrero y la parte alta del pié, todavía revestidos con jirones del velo general. Luego se desprende el velo parcial, protector del himenio mientras maduran las esporas. Ambas membranas dejan vestigios en la seta.

Muchos géneros no tienen anillo ni volva. En otros, en el lugar del anillo, se aprecian restos filamentosos de una cortina.